martes, 17 de julio de 2007

Hermosa película


Mi primera impresión al comenzar la película fue –que ladilla otra película sobre los cerros y la marginalidad de este país-, tema recurrente en la cinematografía venezolana, pero en el desarrollo de la obra me di cuenta que esta película tenia matices diferentes.
El ambiente marginal es solo un escenario para mostrar como la violencia afecta a nuestros niños convirtiéndolos en sobrevivientes cuando deberían estar con un juguete en la escuela, transformándolos en “putas” solo por que la calle es mas peligrosa que el burdel.
Maroa se presenta como una esperanza, un punto de luz que nos permite ver que hasta en el más marginal de los ecosistemas, la inocencia de un niño puede ganarle a la muerte y las artes realzar el espíritu de una civilización en decadencia que prefiere relegar a un pequeño ser humano por ser “problemático” y no entenderlo en su esencia, no buscar en las rendijas de su pensamiento y sacar ese talento que todos y cada uno tenemos en algún oficio o expresión artística.
Pero Maroa también muestra esa cara maligna, descarnada de las autoridades de este país que con su poder ya han perdido todo vestigio de moral, juzgando como delincuente al que es y al que no es también, condenando a la oscuridad a personas que en esencia son inocentes, pero que las circunstancia los pusieron en el sitio y lugar equivocado. Dibujando a un funcionario policial redentor, sádico, prepotente que se supone el enviado de dios a limpiar las calles de los delincuentes de la ciudad, de esos sobran en cualquier ciudad de Venezuela.

Carlos Luís Rodríguez Martínez

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