
Tocar y Luchar es una creación cinematográfica del proyecto orquestal más importante y exitoso que haya tenido jamás país alguno. Agrupando a más de 250 mil niños y jóvenes de toda Venezuela, convirtiéndose en la primera filmación – documental realizado en este país.
Esta obra fílmica se convierte en algo muy íntimo ya que se cuenta desde las historias particulares de seis niños pertenecientes a este sistema de orquestas, y además porque el documental se estructura en cuatro fases; la música, la comunidad, lo espiritual y el aplauso. Además esta obra muestra la realidad y las condiciones bajo las que viven estos seis niños, viendo sus instrumentos musicales como su alma misma a la cual no pueden abandonar, convirtiendo esta trama en una historia conmovedora, uniendo la realidad musical con la realidad social.
Cabe destacar que este documental cuenta con una fidelidad y credibilidad bastante fuerte, debido a que agrupa a los más célebres directores y músicos de nuestros tiempos, como por ejemplo: Sir Simon Rattle, Claudio Abbado, Plácido Domingo, Guiseppe Sinopoli, Isabel Palacios, José Antonio Abreu, entre otros, dando peso, razón y estética a la hora de ser observado por un público.
Quizá una de las imágenes más llamativas es el comienzo de este documental, mostrando en un pequeño trozo de papel el anuncio de un concierto que se realizará en una pequeña capilla, y el final de la misma con el desarrollo del concierto previamente anunciado dirigido por el Joven director Gustavo Dudamel. Esto puede causar al espectador un sentimiento de superación tal, que nos hace sentir que tenemos todo para lograr lo que queremos y que algunos no aprovechamos ese “todo” simplemente porque no se quiere. En cambio, estos niños que cuentan con tan pocos recursos, son tan ricos de espíritu al transmitir todo ese carisma a través de sus sueños desarrollados en la música.
Para finalizar, se puede decir que para algunos esta obra puede tornarse monótona debido a la ignorancia que los envuelve, pero por el contrario, este documental enriquece nuestra cultura y la engrandece un entusiasmo, ya que se refleja con fuerza y poder, estética universal, armonía, espiritualidad, y esa poderosa metáfora que se refleja en un lenguaje universal que susurra y grita en nuestros oídos expresado como música. De esta manera cada uno de estos protagonistas siguen su vida normal, pero reconfortados y unidos por el sentimiento de sus instrumentos.
Cesar Mendoza Hawkins